Nuevamente, un molesto grano de arena se introduce en el zapato del “progreso” y una maqueta 3D ideada en una oficina, vale más que 5.000 años de proceso natural ajustando delicados equilibrios en la costa.

Un proyecto de 24 millones de dólares en la costa de Villa Gesell renueva el conflicto político y social. Se trata de 4 complejos urbanísticos residenciales sobre la línea de costa cuya construcción demanda la remoción de 400 metros del cordón frontal de médanos costeros. Mientras el gobierno municipal afirma que todo el procedimiento cumple con las normas vigentes, la falta de acceso a la información encrespa los ánimos de numerosos vecinos y organizaciones.

Los procesos de ocupación del territorio en relación a los servicios ecosistémicos que aporta la naturaleza, carecen aún de una visión integrada de largo plazo. No se visualizan los escenarios futuros derivados de la pérdida del patrimonio paisajístico y cultural que surgen de la ocupación y desmembramiento de los hábitats naturales, ni el impacto socioeconómico que implica la creciente fragmentación.

No escapa tampoco a esta observación que la consagración en la normativa del derecho en materia ambiental si bien es esencial no resulta suficiente, aun existe indefensión en la protección de los distintos ecosistemas costeros y sus componentes. La falta de responsables cuando se producen los daños es quizás una de las asignaturas pendientes en la norma, “cuya plena vigencia impone un verdadero cambio cultural, tanto a nivel social como gubernamental” (Sabsay, en Esaín 2006).

Los habitantes costeros tomamos cada vez mas conciencia que los médanos constituyen la protección natural de la costa –y por ende de nuestras construcciones urbanas- ante la incidencia de tormentas. Son también el hábitat de especies animales y vegetales que solo se desarrollan en esos ecosistemas y actúan como reservorios dinámicos de arena para retroalimentar las playas. Efectivamente, cabe recordar que las playas constituyen  ese objeto de deseo por el cual existe el desarrollo turístico.

¿Acaso no son éstas suficientes razones para conservarlos?

 

Pues bien, también hay que saber que los sistemas de médanos juegan un rol vital para la captación de agua superficial y la recarga de acuíferos costeros, impidiendo el escurrimiento superficial de agua dulce hacia el mar. Sobre todo en los partidos de La Costa, Pinamar y Villa Gesell donde el recurso es limitado y no existe otro aporte a las napas que el agua proveniente de las lluvias.

Y aún así, ¿no alcanza para entender claramente su importancia?

Entre muchas otras cosas, la existencia del frente de médanos aumenta la diversidad paisajística y el valor estético de la costa, contribuyendo a mitigar el frío, el viento y la humedad marina que caracteriza a nuestro litoral durante gran parte del año. Su presencia actúa adicionalmente como una barrera visual y acústica entre la playa y la ciudad.

Una abundante producción científica de primer nivel volcada en informes y diagnósticos a lo largo de los últimos 20 años da cuenta de todas estas afirmaciones.

¿Entonces, porque no adecuar los emprendimientos económicos costeros en función de las características ambientales y no a la inversa?

En la economía estándar, se privilegia la rentabilidad, desatendiendo las dimensiones físicas y sociales de los procesos de creación de valor y su incidencia sobre el patrimonio, ya sea natural, construido o cultural (Siccardi, 2009). De este modo, se pierden en el camino al lucro, muchas variables inteligentes que permitirían una huella humana menos violenta.

Conocer las características del territorio en el que actuamos y cómo se comportan los ecosistemas que lo integran, debe ser el primer paso hacia el cuidado de los recursos y hacia un manejo integrado de los mismos, promoviendo así su sostenibilidad.

La conservación de los espacios naturales costeros, sean o no protegidos, es un reaseguro frente a los eventos climáticos extremos a los que nos comenzamos a enfrentar. Dos de las unidades geomorfológicas más importantes de nuestra costa son el médano y la playa, donde, naturalmente, ambos componentes están en equilibrio. Este equilibrio es el que padece un alto grado de vulnerabilidad,  respecto de su modificación a través de acciones del hombre para su explotación.

Asimismo la ruptura de estos equilibrios en las zonas económicamente rentables, produce en el ámbito regional disturbios en otros ambientes litorales, es decir afecta directamente a partidos vecinos. Esto indica que para actuar localmente se deben ampliar la visión y la perspectiva a la región (1).

Incorporar la variable ambiental a las evaluaciones practicadas antes de decidir las inversiones resulta de suma importancia, pues el análisis del soporte natural, su potencialidad, su tratamiento preventivo en cuanto a su tasa de renovabilidad, posible contaminación y aplicación de eventuales medidas de mitigación, aseguran que la rentabilidad del emprendimiento sea genuina, segura, y con el riesgo de impacto negativo al medioambiente acotado tanto en la etapa de construcción como de utilización.

El Estado con su rol indelegable posee el marco jurídico y los instrumentos que permiten regular y controlar el desarrollo de actuales y futuros emprendimientos. Estos están previstos a través de distintas leyes y reglamentaciones de carácter provincial y/o municipal, que incluyen mecanismos de participación ciudadana y el libre acceso a la información.

Retomar la ciudad costera como proyecto y razonar sobre ella con ese fin, prestando atención no solo a la sostenibilidad local y a corto plazo del propio sistema urbano, sino también a la sostenibilidad global que se deriva de su relación con el resto del territorio. Solo es necesario poner en marcha los mecanismos que nos permita edificar una costa más sostenible para todos.

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1.  “Es fundamental destacar que la franja costera de la Provincia de Buenos Aires debe ser enfocada como una unidad ambiental o ecosistémica, por lo cual su administración debe ser concebida mediante una gestión transversal, interdisciplinaria e integrada. El avance Institucional de la gestión actual, está dado fundamentalmente, por la representatividad de los participantes, el abordaje de la totalidad del litoral bonaerense como una unidad ambiental, que comprende más de 1.200 km de extensión, y el fuerte compromiso de generar una estrategia integral de la costa bonaerense, en conjunto con los gobiernos locales”. (…) “a fines de avanzar en la planificación del estado con un fuerte compromiso político que aborde en forma integral la problemática de la gestión costera, el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli  crea por Decreto Nº: 1802/08 en el ámbito del Ministerio de Jefatura de Gabinete y Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, la Unidad de Coordinación de Manejo Costero Integrado de la Provincia de Buenos Aires. Esta Unidad tiene como objetivo coordinar, supervisar y ejecutar las acciones que demande la implementación de un Plan Integral de Costa, como así también articular y viabilizar la participación de las distintas áreas de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires y de los municipios involucrados, en la gestión de la zona costera.” Preámbulo - Marco Institucional y Conceptual Unidad de Coordinación de Manejo Costero Integrado.  Decreto 1802/08 Pcia. Buenos Aires.

 

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