En El Garrapatero, en Santa Cruz, se destruyeron los sitios de anidación de tortugas e iguanas marinas, además de la playa.Las playas de las islas Galápagos, de fina y blanca arena, lucen llenas de ramas, algunas ahora tienen grietas secas en el centro y las dunas (formaciones de arena que se dan en el desierto o litoral), que servían como sitio de anidación de tortugas e iguanas marinas, se removieron por completo.

El paisaje de las Encantadas cambió tras las repetidas olas de entre 1,70 y 3,25 metros de altura que llegaron el pasado viernes 11 de marzo.

Evaluar los daños ambientales tras la alerta de tsunami que se vivió en la costa del Pacífico es prematuro, afirma Edwin Naula, director del Parque Nacional Galápagos (PNG). “Un diagnóstico real de las consecuencias ambientales provocadas por este fenómeno natural será posible al menos en tres años”, añade.
 

Al momento, la información oficial que maneja el PNG refiere que las zonas afectadas por las fuertes olas son las playas El Garrapatero, Playa Grande, Playa de los Cerros, además del sector de Las Grietas, en la isla Santa Cruz; mientras que en San Cristóbal, las playas Isla Lobos, Manglesito, Puerto Grande y Puerto Chino. Las comunicaciones con las zonas vulnerables (al este) de la isla Isabela son intermitentes, pero no se han reportado daños de consideración.

En El Garrapatero, localizada en el noreste de Santa Cruz, se abrió una grieta en la playa que unió el agua de mar con el de una laguna ubicada unos 300 metros hacia adentro de la línea costera. En la laguna, que servía como lugar de descanso para grupos de flamingos, se encontraron cuatro ejemplares muertos.

Este también estaba identificado como sitio de anidación de tortugas marinas, que según describe el biólogo Naula, quedó removido, lo que provocó el deterioro de los huevos que las longevas nadadoras dejan bajo la aparente protección de las dunas.

Ante esta pérdida, que se repite en más de cuatro puntos del Archipiélago, el director del PNG se muestra optimista. “En Galápagos tenemos la ventaja de que ingresan diferentes corrientes marinas y eso acelera el proceso de restauración de los ecosistemas.

La naturaleza se encargará de delimitar nuevamente la franja costera de las islas y formar las dunas de arena. Para el siguiente ciclo de anidación las tortugas volverán y el ciclo empezará nuevamente”.

Playa Grande, ubicada a una hora de Puerto Ayora, es el único balneario de Santa Cruz donde se permite acampar, y aunque no se registraron pérdidas de especies, los daños en el lugar son considerables. Al igual que en Playa de los Cerros, donde el muelle se vino abajo.

En la isla más poblada del Archipiélago también se cerró el paso hacia Las Grietas (formaciones de roca volcánica donde se une el agua dulce con la salada), pues los senderos quedaron completamente removidos por la fuerza del mar.

En San Cristóbal, el efecto de las olas también es evidente. Por ejemplo, en Isla Lobos, una pequeña formación que apenas sobresale del mar, considerada uno de los puntos más atractivos del Archipiélago por la alta congregación de lobos marinos que tiene. Las olas pasaron sobre ella, por completo, describe Naula, pero los daños son solo paisajísticos, asegura.

Manglesito, al oeste de San Cristóbal, es la playa más deteriorada del lugar y las docenas de nidos que ahí se resguardaban quedaron destruidos por el oleaje. La situación se repite en Puerto Chino, aunque con menos intensidad, pues este último sitio es una bahía bastante concurrida por los turistas y cada vez son menos las tortugas que deciden anidar ahí. Mientras que en Playa Grande, las pérdidas son solo materiales y lo más probable es que se restauren las instalaciones durante la próxima semana, prevé la Dirección del PNG, al igual que los muelles de Plaza Sur y Seymour norte, en esta última el muelle, que se vino abajo, cambiará de ubicación, como medida preventiva de fenómenos similares a futuro.

En cuanto a los daños materiales, el Comité de Operaciones de Emergencia (COE) de la zona informó que las pérdidas en el área urbana del Archipiélago ascienden a 1,5 millones de dólares, mientras que la Dirección del Parque Nacional Galápagos estimó que los daños materiales cuantificables dentro del área protegida llegan a 300 mil dólares, principalmente debido a la destrucción de letreros y demás elementos de señalización.

El viernes 11 de marzo, el monitoreo del mar empezó a las tres de la madrugada y a las siete de la mañana la evacuación de las 26.600 personas que se encontraban en las islas, aproximadamente: 25.000 entre nativos y población flotante, 1.200 turistas hospedados en barcos y 400 hospedados en tierra.

Aquel día se prohibieron todos los itinerarios turísticos a las diferentes playas y se dispuso que las embarcaciones anclaran a más de cinco millas de la línea costera, con todos los turistas a bordo, y se condujo a nativos y turistas a las pocas zonas altas que tiene el Archipiélago: dos en San Cristóbal, dos en Santa Cruz y dos en Isabela.

El Centro de Investigación del PNG sufrió también daños materiales, pero ninguna especie se vio afectada. “La información está respaldada en discos duros, así que no hemos perdido nada. Lo que perdimos fueron algunas muestras de animales, pero las más valiosas pudieron ser puestas en un lugar seguro a tiempo”, comenta el director de la institución.

La evacuación se dio en orden, asegura Naula, incluso el solitario George fue trasladado hacia sectores altos antes del mediodía, y por ahora, equipos de trabajo se apuran por despejar las playas de las ramas y restos de árboles que quedaron destruidos, única ayuda que recibirá la naturaleza para adaptarse a los cambios generados por el fuerte impacto de las olas.

Monitoreo: Tras las olas
Isabela
Hasta la fecha de la marejada, el Parque Nacional Galápagos había marcado 387 nidos de tortugas marinas. Durante los primeros recorridos se registró que en Quinta Playa, de 1.900 metros de longitud, 87 anidaciones quedaron destruidas, con claras evidencias de inundación, erosión y en algunos casos la remoción de la nidada producto de la pérdida de sustrato arenoso.

Santa Cruz
Durante los recorridos se encontró que las iguanas estaban exhaustas, probablemente debido al continuo subir y bajar de la marea, no tenían sitio para aferrarse y descansar. Estas habrían perdido su energía calórica y muchas de ellas no podían moverse. Ahora se están recuperando y regresando a las costas.

San Cristóbal
En la playa Manglesito se registraron pérdidas de mangle que no soportó el impacto de las olas; al igual que en Puerto Grande, donde la vegetación marina quedó destrozada.

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