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La imagen de la cascada de San Rafael es algo omnipresente en la región amazónica de Ecuador. Desde folletos turísticos a las fotos bastante comunes colocadas en la parte trasera de los autobuses de la región.

La catarata, la mayor del país, está en plena reserva de la biosfera de Sumaco, un exuberante rincón protegido por Naciones Unidas por su flora y fauna únicas, fruto del clima húmedo originados por la confluencia de los Andes y la Amazonía.

Ecuador no está usando ninguna de las fuentes de energía que se consideran más económicamente viables y mejores para el medio ambiente.
 

Eduardo Aguilera, consultor

Según los ambientalistas, este delicado ecosistema será destruido por la mayor planta hidroeléctrica del país, que ya se construye en el río que alimenta el salto de San Rafael.

La compañía estatal Coca Codo Sinclair, que gestiona el proyecto, asegura que tales miedos no tienen fundamento.

La empresa afirma que estudios hidrológicos han determinado el flujo de agua necesario para que la catarata conserve su intensidad y que la hidroeléctrica está diseñada para asegurarlo.

Con fondos chinos
San Rafael es un icono de la Amazonía ecuatoriana que aparece hasta en los colectivos.

Tanto partidarios como críticos del proyecto están de acuerdo en que Ecuador necesita renovar su modelo energético y que las hidroeléctricas desempeñarán un rol crucial. Pero discrepan sobre la Coca Codo Sinclair.

La idea del proyecto nació en los años 70, pero no fue hasta que Rafael Correa llegó al poder en 2007 que se convirtió en una prioridad.

El desarrollo de Coca Codo Sinclair se estancó mientras el Ejecutivo buscaba fondos para financiar su construcción. El pasado junio, tras largas negociaciones, se aseguraron los US$1.700 millones del Banco de Exportaciones e Importaciones de China.

El contratista chino Sinhohydro inició oficialmente el trabajo poco después. Pero meses después, la obra parece extrañamente vacía, lejos de lo que se podría esperar del proyecto bandera del gobierno de Correa.

Señales en chino y brillantes luces –que los lugareños aseguran han espantado a mariposas endémicas– son los principales indicios de los cambios que se vienen.

¿Sostenible?

La presa se situará unos 20 kilómetros de la cascada de San Rafael en el río Coca, uno de los principales de la Amazonía ecuatoriana.

El proyecto planea ser capaz de generar 1.500 megavatios de electricidad a partir de 222 metros cúbicos de agua por segundo.

Según Matt Terry, director de la ONG Ecuadorian Rivers Institute, los estudios hidrológicos que maneja el gobierno están caducados.

Matt Terry, Ecuadorian Rivers Institute
"Estamos muy preocupados de que cuando construyan la hidroeléctrica de tan alta capacidad, requieran cada gota de agua y sequen la cascada"

Terry calcula que el Coca ahora mantiene un flujo de entre 80 y 100 metros cúbicos por segundo y que el proyecto de hidroeléctrica, en las proporciones actuales, no es sostenible.

"Estamos muy preocupados de que cuando construyan la hidroeléctrica de tan alta capacidad, requieran cada gota de agua y sequen la cascada", afirma.

Terry señala al segundo mayor salto de agua del país, Agoyan, que según él ha sido duramente afectado por un proyecto similar.

Pero además, Coca Codo podría resultar deficitario al largo plazo si no es capaz de generar suficiente energía para pagar el préstamo chino, suscrito a un 6,9% de interés.

Apagones

Últimamente, el río presenta un aspecto poco caudaloso. Pero los expertos de la hidroeléctrica aseguran que aunque el nivel de las aguas fuera incluso menor, la hidroeléctrica siempre liberaría hasta 22 metros cúbicos por segundo, lo que consideran es el mínimo para mantener viva la cascada.

Además, señalan que la planta funcionará a plena capacidad sólo el 57% del tiempo, pues el caudal puede variar.

"Sería criminal desperdiciar diesel (para alimentar una planta termoeléctrica) cuando hay meses en los que podemos usar el río para generar energía", dice Luciano Cepeda, gerente técnico de Coca Codo Sinclair.

Sería criminal desperdiciar diesel (para alimentar una planta termoeléctrica) cuando hay meses en los que podemos usar el río para generar energía

Luciano Cepeda, Coca Codo Sinclair

"Incluso si pudiéramos operar a plena capacidad sólo cinco o seis meses al año, todavía es muy importante".

De acuerdo con los últimos datos disponibles, las termoeléctricas, que se alimentan de diesel importado, generan la mitad de la energía que consume Ecuador. Sólo el 38% de hidroeléctricas.

En 2009, las sequías paralizaron parcialmente la mayor hidroeléctrica del país. Los apagones duraron dos meses. El impacto en la economía del país se estima fue de US$1.000 millones.

Los derechos de la Pacha Mama
La obra comenzó oficialmente hace meses, pero el lugar parece más bien vacío.

Eduardo Aguilera, ingeniero que trabajó en el proyecto de Coca Codo Sinclair y que ahora ejerce de consultor de energías alternativas, opina que la hidroeléctrica es el mal menor.

Pero también piensa que proyectos como Coca Codo no son tan viables económicamente o sostenibles ecológicamente como otros más pequeños.

Para Aguilera, el gobierno podría usar las mismas cantidades invertidas en plantas de pequeña o mediana escala.

Además, considera que deberían ser complementadas con plantas geotérmicas, fuente de energía renovable y sostenible en un país como Ecuador, que tiene decenas de volcanes activos.

De esa forma, las plantas alimentadas con diesel podrían ser empleadas para cubrir sólo los picos de demanda.

"La conclusión es que Ecuador no está usando ninguna de las fuentes de energía que se consideran más económicamente viables y mejores para el medio ambiente", sentencia.

La BBC intentó entrar en contacto en diversas ocasiones con funcionarios de Ministerio de Electricidad y Energías Renovables, pero no quisieron hacer comentarios.

En 2008, Ecuador se convirtió en el primer país en llevar a rango constitucional los derechos de la Pacha Mama, la madre tierra, al tiempo que el presidente Correa declaraba su fuerte compromiso con la naturaleza.

El gobierno además tiene un proyecto piloto para comprometerse a no explotar sus reservas de petróleo en una de las áreas de mayor biodiversidad del planeta.

Pero a los críticos como Terry les preocupa que pese a la retórica "verde", el gobierno no haya demostrado suficiente compromiso para preservar la cascada de San Rafael.

La planta se espera que esté en pleno funcionamiento en 2016. En unos años se podrá comprobar cuál es su impacto, de darse, sobre la cascada de San Rafael.

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