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Unos 250 millones de hectáreas de bosque en el planeta podrían desaparecer hasta el 2050, si no se toman medidas concretas para detener las tasas de pérdida y degradación forestal. Así lo señala el informe Bosques vivos, presentado en abril pasado por WWF, la organización internacional de conservación.

Esta proyección desalentadora para el ambiente se destaca en el marco de la celebración del Día Internacional de los Bosques Tropicales, establecido el 26 de junio de 1999 por el Pnuma (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), WWF (siglas en inglés de Fondo Mundial de la Naturaleza) y la Unesco (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), con el fin de fomentar acciones sostenibles para estos ecosistemas.
 

En el primer capítulo del informe, la WWF señala que la deforestación tropical proyectada, entre el 2010 y 2050, bajo el escenario de no hacer nada a favor del ecosistema, es que África perderá 112 millones de hectáreas de bosque; América Latina, 82 millones; y Asia y el Pacífico, 38 millones cada año.

Mientras que basándose en estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO, por sus siglas en inglés) señala que la deforestación se distribuye de manera irregular. Al tiempo que los bosques templados del hemisferio Norte se están expandiendo, los bosques tropicales y los de algunas regiones templadas del hemisferio Sur se están reduciendo.

Cifras exactas sobre la superficie de bosques tropicales en Ecuador no se conocen, pero diferentes organizaciones ambientales coinciden en que este tipo de ecosistema abarca más de la mitad del total de bosques del país. Lo que sí se atreve a asegurar Ivonne Ramos, directora de la organización ambiental Acción Ecológica, es que, aproximadamente, el 80% de los bosques tropicales del país se encuentra en territorios indígenas, y que son espacios altamente amenazados por actividades como la minería y la extracción de petróleo.

Acción Ecológica, con base en diferentes estudios, expone que la cifra estimada de deforestación de bosques tropicales en el país alcanza las 300 mil hectáreas al año. Ramos atribuye esta pérdida, principalmente, al incremento de los monocultivos; por ejemplo, en Esmeraldas, donde la palma africana ha reemplazado a bosques tropicales primarios, según sus investigaciones.

Para contrarrestrar el problema generalizado de la deforestación, en el informe Bosques vivos se propone que políticos, empresas y ciudadanos se unan en torno a una meta: Cero Deforestación y Degradación Forestal Neta (ZNDD, por sus siglas en inglés) para el 2020. Este propósito consiste en reducir y mantener la tasa anual de pérdida de bosque, actualmente de 13 millones de hectáreas, lo más cercanamente posible a cero.

Pero, además, este objetivo incluye la siguiente acotación: en el caso de que exista pérdida de bosques naturales, estas deberán ser compensadas por áreas equivalentes, en términos sociales y ambientales, a través de restauración. Es decir, una nueva plantación de monocultivo no compensaría la pérdida de bosques originales.

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Para entender lo que esto implica en la práctica, WWF desarrolló un Modelo de Bosques Vivos con el Instituto Internacional para Análisis de Sistemas Aplicados (Iiasa). Dicho modelo expone escenarios globales del uso de suelo, entre los que se consideran los efectos del crecimiento de la población y la demanda de los consumidores, y se describen posibles consecuencias en áreas tales como la producción de alimentos, el cambio climático, el precio de los productos y el desarrollo económico.

Rod Taylor, director de Bosques de WWF Internacional, expone en el sitio web de la organización que una mejor gobernanza e incentivos económicos que permitan la administración racional de los bosques y un uso más productivo de la tierra garantizarían suficiente tierra agrícola, plantaciones forestales y bosques bien gestionados para atender la actual demanda de madera y los alimentos sin la pérdida de bosques.

Entre las proyecciones referidas en el documento se indica también que el calentamiento global puede mantenerse por debajo de 2 °C si se aplican estrategias para reducir la contaminación agrícola; y resalta que los costos y las inversiones necesarias son bajos, pero también reconoce que su aplicación es muy desafiante.

“Satisfacer la demanda mundial de materiales y energía plantea tantos desafíos como oportunidades de negocio para el sector de productos forestales”, indica el informe. “Los productos forestales son renovables y, cuando proceden de bosques naturales y plantaciones bien manejados, tienden a una huella menor que otras alternativas como el acero, hormigón y plástico a partir de fuentes fósiles”, añade el documento.

Pero en Ecuador, la demanda de recursos naturales es alta. Xavier Bustamante, director de Fundación Natura, coincide en que los bosques tropicales están muy amenazados, pero añade que, en el país, esto se debe a la falta de una legislación actualizada, al bajo control en la explotación maderera y al deficiente manejo de las áreas protegidas. “Por citar un solo ejemplo: hace 60 años se calculaba que Esmeraldas tenía 1 millón 500 mil hectáreas de bosque y actualmente este ecosistema no llega a cubrir ni 200 mil hectáreas”, concluye Bustamante.

Cifras: Bosques tropicales
47% de los bosques del mundo son tropicales, 9% son subtropicales; 11% son templados y el 33% son del norte boreal (de bajas temperaturas), en cifras aproximadas, expuestas por el informe Bosques vivos, de la organización internacional de conservación de la naturaleza WWF.

82 millones de hectáreas de bosque perderá América Latina hasta el año 2050, en caso de que los gobiernos y la sociedad civil no realicen ninguna acción concreta para protegerlos, estima la organización WWF.

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